Cómo un puñado de grupos económicos controla los puntos por donde circula la riqueza de Chile

Chile no es solo un país desigual, es un país donde la riqueza se concentra con método. Un puñado de grupos económicos, casi todos familiares, son dueños a la vez de la mina, el puerto, el banco, la tienda y el suelo de la ciudad. No ganan produciendo más ni mejor, sino que ganan siendo dueños de los lugares por donde todos tenemos que pasar. Así lo muestran Michael Lukas y David Kornbluth, geógrafos de la Universidad de Chile, en una investigación publicada en la revista Review of International Political Economy y que le pone nombre a este fenómeno: capital monopolista periférico.

Lo vivimos todos los días, aunque no lo veamos. Cuando compramos un refrigerador en Falabella y lo pagamos en cuotas con la tarjeta CMR, del mismo grupo, que concentra cerca del 15% de todo el crédito de consumo del país. El domingo paseamos por un Mallplaza, también suyo. Cotizamos en una AFP y pagamos el dividendo en un banco, mientras que detrás de muchos de esos pagos se repiten los mismos apellidos: Luksic, Matte, Angelini, Solari, Paulmann, Yarur.

La lógica se parece a la del Monopoly, porque en el juego no gana quien fabrica algo, sino quien es dueño de las casillas donde los demás caen y tienen que pagar: el ferrocarril, la compañía de agua, las calles más caras. Los autores lo explican con la idea de renta, la ganancia que viene de controlar algo escaso que otros necesitan usar. Los monopolios de Estados Unidos o Europa se apoyan en patentes, plataformas y tecnología, pero los de un país como Chile, que exporta materias primas y depende de capital y tecnología extranjeros, se apoyan en el control de yacimientos, concesiones, crédito y suelo.

Esas rentas se cobran en cuatro grandes negocios. El primero es lo que se saca de la tierra para exportar casi sin procesar, lo que se conoce como extractivismo. El segundo es lo que se compra y se vende. El tercero es la plata misma: bancos, seguros y AFP. El cuarto es la ciudad. Juntos suman más de la mitad de la economía, y los grandes grupos no eligen uno, sino que están en varios a la vez. El grupo Luksic es dueño de minas de cobre, del tren que baja el mineral a la costa, de puertos, de plantas que desalan agua para las faenas y del Banco de Chile, y es socio clave de una de las mayores navieras del mundo. Ganando en cada tramo del recorrido.

Infografía: La fortuna de una sola familia equivale a la riqueza de 858.000 hogares.

Elaboración: Geografías de la Riqueza, a partir de Lukas y Kornbluth (en prensa). Riqueza de los hogares: Banco Central de Chile, Encuesta Financiera de Hogares 2024. Cálculo propio.

Para mandar sobre tanto usan pirámides: una empresa es dueña de otra, que es dueña de otra, de modo que desde la punta se controla todo el edificio, a lo que se suman los directorios compartidos. Este tablero no se armó solo, mientras Chile atravesaba una dictadura, empresas del Estado pasaron a precios bajos a grupos cercanos al régimen. En la crisis de 1982, el Estado absorbió deudas privadas y rescató bancos, y los grupos que sobrevivieron (Matte, Angelini y Luksic) llegaron a tener activos casi 20 veces mayores en una década. Desde 1990, los gobiernos democráticos mantuvieron las reglas y la relación con el poder político sigue ahí, ya que por ejemplo, Francisco Pérez Mackenna, quien por décadas fue gerente general de Quiñenco, el holding de los Luksic, es hoy canciller.

Tampoco es una rareza chilena, investigaciones recientes encuentran tendencias parecidas en Brasil, México, India o Nigeria. Y no se trata de una economía tomada por el capital extranjero, ya que los grupos chilenos compiten con BHP, Santander o Walmart, pero se asocian con Citigroup, Heineken o Hapag-Lloyd. Mandan adentro y se asocian afuera, resultando en un país que crece cobrando rentas mientras su industria se achica.

Ese poder ordena territorios completos. El norte funciona como un corredor que va de la mina al barco. En el sur, dos grupos producen cerca del 90% de la celulosa y organizan plantaciones, plantas y puertos. Santiago crece sobre el campo con autopistas, malls y condominios, y los costos se quedan ahí. Antofagasta es la ciudad con el mayor PIB por habitante de Chile y, al mismo tiempo, donde más rápido crecen los campamentos.

Pero el tablero no está cerrado. En Antofagasta, vecinas y vecinos se organizaron en la coalición “Este polvo te mata” contra un nuevo galpón de acopio de cobre en el puerto. En 2023, la organización de consumidores CONADECUS llevó al tribunal de libre competencia la primera propuesta para limitar las pirámides, y este año, el tribunal la descartó y solo pidió transparentar quiénes son los dueños finales de las empresas. Además, el estallido de 2019 puso en discusión, por primera vez desde el regreso a la democracia, la propiedad, las pensiones y los recursos naturales. Las reformas de estas décadas han corregido cómo se portan los grupos, no cuánto poder concentran, por lo que nombrar cómo funciona ese poder es el primer paso para disputarlo.